Estrés por las fiestas: consejos para llevarlo y un ritual para la noche más larga
Diciembre tira en dos direcciones: los días se acortan y el cuerpo pide recogerse, mientras el calendario se llena de cenas, compras y compromisos. De ese choque sale buena parte del estrés por las fiestas, y aquí…

Diciembre tira en dos direcciones: los días se acortan y el cuerpo pide recogerse, mientras el calendario se llena de cenas, compras y compromisos. De ese choque sale buena parte del estrés por las fiestas, y aquí tienes lo que a mí me parece que ayuda: luz, comida sencilla, menos gasto y un pequeño ritual para decidir, antes de Nochebuena, qué fiestas quieres vivir.
Coge lo que te sirva y deja lo demás. Cada casa celebra a su manera.
El invierno pide lo contrario
Durante siglos, el invierno fue la estación de parar. En el campo se remendaba la ropa, se contaban historias junto al fuego y se comía lo que había guardado la despensa. Muchas fiestas de esta época nacieron alrededor de la noche más larga del año, y casi todas tienen lo mismo en el centro: luz y calor.
En Suecia, el 13 de diciembre, que en el calendario antiguo caía en el solsticio, una chica vestida de blanco abre la procesión de Santa Lucía con una corona de velas. En Japón, el día del solsticio se toma un baño con yuzu, un cítrico pequeño y muy aromático, y se come calabaza, porque la tradición dice que así se pasa el invierno sin resfriados.
Ninguna de las dos consiste en hacer más. Las dos consisten en encender algo y cuidarse. Creo que ahí está la pista.
De dónde viene el estrés por las fiestas
¿Por qué agota tanto una época que se supone alegre? Tal vez porque le pedimos demasiado. Queremos la mesa de los anuncios y a toda la familia contenta a la vez, y eso se paga a la una de la madrugada, envolviendo el último regalo y buscando el celo que nunca aparece.
Pesan también el dinero, que en diciembre se va deprisa, y las sobremesas largas donde asoman las tensiones de siempre. Y para mucha gente pesa la silla vacía: alguien que ya no está, o no tener con quién sentarse. Si es tu caso, al final te cuento qué ayuda.
Costumbres que ayudan en diciembre
Sal con luz de día, cada día. En diciembre es fácil pasar semanas viendo el sol solo a través de una ventana. Salir a andar un rato cada día con luz, a media mañana o a la hora de comer y aunque esté nublado, es lo que se recomienda para el bajón del invierno, y a mucha gente le cambia el día.
Entre las comidas grandes, lo de siempre. Las fiestas son tres o cuatro comidas señaladas, no tres semanas seguidas de banquete. Los días de en medio, vuelve a la cocina de diario: un caldo, unas lentejas, verdura asada, mandarinas de postre.
Con el alcohol, menos de lo que pide la mesa. Relaja un rato, pero luego el sueño es peor y, al día siguiente, a mucha gente le deja más nerviosa y con el ánimo bajo. Alternar las copas con agua, o brindar algunas noches con algo sin alcohol, suele notarse. Si estás embarazada, lo más seguro es no beber nada, y en Navidad en dulce espera tienes brindis sin alcohol.
Una noche en casa por cada cena fuera. No hace falta ir a todo. Si una semana tienes tres compromisos, elige dos y avisa pronto de que al tercero no vas.
El dinero y la mesa
Decide antes de empezar cuánto vas a gastar en total, con los regalos, las comidas y los viajes, y apúntalo. En familia, el amigo invisible con un precio fijo sustituye a un regalo para cada persona.
Si la cena es en tu casa, no la cocines entera. Pide a cada invitado algo concreto: el entrante, el pan, el postre, la bebida. Tú pones la mesa y el plato principal.
Y si las redes te llenan la cabeza de mesas perfectas, tómate un descanso de las pantallas.
El ritual: la lista de la noche más larga
La noche del solsticio de invierno, el 21 o el 22 de diciembre en el hemisferio norte, llega justo antes de las fechas grandes, y me parece el momento de parar un rato. Si vives en el sur, o esa noche no puedes, sirve cualquier tarde tranquila antes de Nochebuena.
- Baja la luz. Apaga las luces del techo y enciende una vela o una lámpara pequeña. La vela, sobre un plato, lejos de las cortinas y sin dejarla sola.
- Escribe tres cosas en un papel. Los momentos de estas fiestas que no te quieres perder, como mucho tres. Una cosa que este año sueltas: el roscón casero, las treinta felicitaciones, la cena que siempre organizas tú. Y un gesto diario solo para ti, como el paseo con luz.
- Cuéntaselo a alguien de casa. Dicho en voz alta, lo que sueltas deja de parecer un descuido y pasa a ser una decisión.
- Guárdalo en el bolso o en la cartera. Cuando una tarde se complique, léelo. Y cuando terminen tus fiestas, léelo otra vez y mira qué ha funcionado.
Si te apetece cerrar la noche como en Japón, date un baño templado con una naranja en rodajas; si estás embarazada, que el agua no esté caliente.
Cuando no es solo estrés
Si estas fiestas te toca pasarlas sin compañía, o te sientes lejos de todos aunque tengas gente alrededor, busca conexiones pequeñas: una llamada larga a alguien a quien hace tiempo que no oyes, un café con una vecina, unas horas de voluntariado. Si te cuesta hablar con los tuyos, una línea de ayuda también sirve.
Si el ánimo bajo se alarga, si no duermes o si te cuesta llevar el día a día, habla con tu médico sin esperar a que pasen las fiestas. Y si alguna vez piensas en hacerte daño, llama a urgencias o a una línea de ayuda en ese momento.
Enciende algo, come caliente, sal a la luz. Lo demás puede esperar a enero.


