Afirmaciones positivas durante el embarazo: cómo escribir las tuyas y hacer de ellas un ritual
Una frase dicha en voz alta por la mañana no decide cómo va a ir tu embarazo ni tu parto, pero sí puede cambiar cómo empiezas el día. Te cuento de dónde viene la costumbre de repetir palabras, qué se sabe de verdad…

Una frase dicha en voz alta por la mañana no decide cómo va a ir tu embarazo ni tu parto, pero sí puede cambiar cómo empiezas el día. Te cuento de dónde viene la costumbre de repetir palabras, qué se sabe de verdad sobre las afirmaciones positivas durante el embarazo y cómo escribir las tuyas para convertirlas en un ritual de cinco minutos.
Esto no sustituye a tu matrona ni a las clases de preparación al parto. Es un rato para ti, y funciona mejor cuanto más tuyo lo hagas.
Repetir palabras, una costumbre muy antigua
En la India, el japa consiste en repetir un mantra en voz baja, llevando la cuenta con un mala, un collar de 108 cuentas, para que la cabeza se quede en las palabras y no en los números. La tradición ayurvédica tiene además un nombre para el cuidado de la mente durante la gestación, garbh sanskar: la madre recita mantras, escucha música tranquila y cuida sus pensamientos, con la idea de que todo eso le llega también al bebé.
En España y en Latinoamérica, lo más parecido son las nanas. García Lorca les dedicó una conferencia entera, y cualquiera que haya cantado una sabe que se canta tanto para calmar al bebé como para calmarse una misma. A principios del siglo XX, un farmacéutico francés, Émile Coué, hizo famosa una frase que sus seguidores repetían al despertar y al acostarse: “todos los días, en todos los sentidos, estoy cada vez mejor”.
Todas comparten el mismo gesto: pocas palabras, siempre las mismas, a la misma hora. Las afirmaciones son la versión de hoy de ese gesto.
Qué se sabe de las afirmaciones positivas en el embarazo
Hay pocos estudios sobre las afirmaciones por sí solas. En el embarazo casi siempre forman parte de programas de preparación al parto que las combinan con respiración, relajación y visualización, como el hipnoparto, y ahí varios estudios pequeños apuntan a menos miedo al parto y a una experiencia vivida con más calma. Lo que no se puede separar es qué parte hace el trabajo: las frases, la respiración o el simple hecho de pararse un rato cada día.
Hay otra línea de estudios que me parece más útil para escribirlas. Cuando alguien dedica unos minutos a escribir sobre lo que de verdad le importa, su familia o su manera de hacer las cosas, después lleva mejor los momentos de tensión. En cambio, repetirse una frase demasiado optimista puede salir al revés: en un estudio conocido, las personas con la autoestima baja se sentían peor después de repetir “soy una persona digna de amor”. La cabeza contesta, y contesta que no.
¿Entonces merece la pena? Yo creo que sí, siempre que la frase sea verdad para ti hoy. Y hay un detalle que me gusta: en el tercer trimestre el bebé ya oye, y al nacer reconoce la voz de su madre. Decirlas en voz alta también es hablarle.
Cómo escribir las tuyas
Las frases que circulan ya hechas suelen fallar por lo mismo: prometen demasiado. “Mi parto será perfecto” no depende de ti, y la primera contracción te lo recordará. Estas pautas ayudan a escribir frases que aguanten un mal día.
- Que te las creas. “Puedo con lo que traiga hoy, paso a paso” se sostiene mejor que “todo va a salir perfecto”.
- Que admitan lo difícil. “Estoy cansada y aun así hoy he cuidado de mí” es verdad las dos veces.
- En presente y concretas. Algo que puedas cumplir esta misma tarde, como “hoy me siento un rato con los pies en alto”.
- Ancladas en lo que valoras. Tu forma de querer, la gente que tienes cerca, lo que ya has superado.
- Con tu nombre, alguna vez. Hablarte como le hablarías a una amiga, “venga, (tu nombre), paso a paso”, ayuda a tomar distancia cuando los nervios aprietan.
- Cortas. Que quepan en una respiración.
El ritual: cinco minutos por la mañana
Mi consejo es hacerlo siempre en el mismo momento, pegado a algo que ya haces cada día, como el primer vaso de agua de la mañana. Así no depende de que te acuerdes.
- Escribe tres frases a mano en una tarjeta. A mano se piensa más despacio que en el móvil.
- Siéntate cómoda, con los pies apoyados en el suelo y una mano en la tripa.
- Respira unas cuantas veces, tomando el aire por la nariz y soltándolo despacio por la boca, un poco más largo de lo que entró.
- Di cada frase en voz alta tres veces, sin prisa. Si alguna se te atasca, táchala: esa no era.
- Termina con un gesto pequeño para ese día: salir a andar diez minutos, llamar a alguien, acostarte antes.
Durante el día, deja la tarjeta donde la vayas a ver: sujeta con un imán en la nevera, junto al cepillo de dientes o dentro de la funda del móvil. Cambia las frases cuando dejen de decirte algo, al principio cada semana o dos. En las últimas semanas, la tarjeta puede ir directamente a la bolsa del hospital.
Si te gusta acompañar la respiración con un aroma suave, tienes ideas en aromaterapia para calmar la ansiedad antes del parto; antes de usar aceites esenciales en el embarazo, coméntalo con tu matrona.
Frases para empezar
Úsalas como borrador y cámbiales las palabras hasta que suenen a ti.
Para el embarazo
- “Mi cuerpo está haciendo un trabajo enorme, y hoy lo trato con cariño.”
- “Hoy basta con hacer lo que puedo.”
- “Puedo pedir ayuda y aceptarla.”
- “Ya quiero a este bebé, aunque todavía no sepa qué cara tiene.”
Para el parto
- “Cada contracción es una menos.”
- “Respiro, suelto los hombros y sigo.”
- “Si el plan cambia, sigo pudiendo con ello.”
- “No estoy sola.”
Para el posparto
- “Confío en mi capacidad para cuidar de mi bebé y de mí misma.”
- “Es normal necesitar tiempo para adaptarme, y me lo doy.”
- “Mi cuerpo se recupera a su ritmo.”
- “Acepto el apoyo de quienes me rodean; no tengo que hacerlo todo sola.”
- “Mi bebé y yo estamos aprendiendo juntos.”
Para las primeras semanas en casa, te vendrán bien también las ideas de cómo organizar la nueva etapa de madre primeriza.
Cuando las palabras no bastan
Las afirmaciones acompañan un día bueno y ayudan con uno regular, pero no curan la tristeza ni la ansiedad. Si notas que llevas tiempo sin ilusión por lo que antes te gustaba, llorando a menudo o con una preocupación que no te suelta, cuéntaselo a tu matrona o a tu médico, en el embarazo o después. No hace falta esperar a estar muy mal para decirlo.
Después del parto, unos días de lágrimas y bajón son muy frecuentes y suelen pasar en unas dos semanas. Si siguen, o van a más, pide ayuda. Y si alguna vez piensas en hacerte daño, llama a urgencias en ese momento.
Si una frase te deja peor que antes, quítala. No has fallado: esa frase no era para ti.
Empieza mañana con una sola, la que te creas.
Etiquetas


