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5 de mayo de 2023·7 min de lectura

10 productos naturales para una vida sana y cómo usarlos en casa

Creo que casi todo lo que hace falta para cuidarse con sencillez cabe en la despensa y en el armario del baño. Aquí tienes diez productos naturales para una vida sana, entre lo que comes, lo que te pones en la piel y…

10 productos naturales para una vida sana y cómo usarlos en casa

Creo que casi todo lo que hace falta para cuidarse con sencillez cabe en la despensa y en el armario del baño. Aquí tienes diez productos naturales para una vida sana, entre lo que comes, lo que te pones en la piel y con lo que limpias, y de cada uno, de dónde viene, cómo se usa y cuándo es mejor dejarlo.

No hace falta tenerlos todos. Tres o cuatro que uses de verdad valen más que diez olvidados al fondo de un estante.

Lo natural y una vida sana

¿Y lo natural no es siempre mejor? No siempre. Las plantas hacen cosas precisamente porque son fuertes, y el poleo, el látex del aloe o un aceite esencial sin diluir pueden hacer daño por muy naturales que sean. En cosmética, además, “natural” no tiene una definición legal, así que lo que cuenta es la lista de ingredientes.

Lo que sí suelen darte es sencillez: pocos ingredientes y menos envases. Una pastilla de jabón envuelta en papel sustituye a dos o tres botes de plástico en el borde de la bañera.

En la despensa

1. Miel cruda

La miel cruda no se ha calentado ni filtrado a fondo, y conserva mejor el sabor de sus flores. La miel con limón para la garganta se ha preparado en casa siempre, y aquí la tradición tiene respaldo: una revisión de varios ensayos concluye que una cucharadita antes de dormir probablemente alivia la tos nocturna de los niños más que no darles nada.

A partir del año, media o una cucharadita (de 2,5 a 5 ml). Nunca a un bebé de menos de doce meses, porque la miel puede llevar esporas de botulismo. Y la miel de la despensa no es para las heridas; la de las curas es de uso médico. Si puedes, cómprala a un apicultor de tu zona.

2. Infusiones de hierbas

Manzanilla después de una comida pesada, tila antes de un examen, hierba luisa, jengibre. Es de los rituales más sencillos que hay: una taza caliente que marca el final del día.

  • Una cucharadita de planta seca, unos 2 o 3 g, por taza.
  • Agua recién hervida.
  • La taza tapada entre cinco y diez minutos, para que el aroma no se vaya con el vapor.

En el embarazo, no pases de cuatro tazas al día, evita las que llevan regaliz y coméntale a tu matrona las plantas que tomes a menudo. El poleo menta, que en muchos bares de España se sirve después de comer, es Mentha pulegium y lleva pulegona, tóxica para el hígado: en el embarazo, la lactancia y con niños, mejor evitarlo. Si tienes alergia a la margarita, cuidado con la manzanilla, que es de la misma familia.

3. Vinagre de manzana

Es un buen vinagre para la ensalada y los encurtidos. Una cucharada en un vaso grande de agua, como último aclarado del pelo, es una costumbre antigua para dejarlo suave y con brillo.

Se habla mucho de beberlo para adelgazar o para el azúcar. Las pruebas son pocas y pequeñas, y no te lo recomiendo como remedio. Es un vinagre.

Puro sobre la piel, nunca, tampoco para quitar verrugas o lunares: hay casos documentados de quemaduras químicas. Si lo bebes, mejor muy diluido, que el ácido no le sienta bien al esmalte de los dientes.

4. Avena

El baño de avena es un remedio casero de toda la vida para la piel seca que pica, y la dermatología también lo reconoce: la avena coloidal, molida muy fina, está aceptada como protector de la piel contra el picor.

  • Tritura una taza de copos, unos 80 g, o mete un puñado en un calcetín limpio atado al grifo.
  • Llena la bañera con agua templada, no caliente, hasta que se vuelva lechosa.
  • Quédate diez o quince minutos, sécate a toquecitos y ponte crema.

El fondo queda resbaladizo, así que sal con cuidado, y más con tripa. En el embarazo es normal que la tripa tire y pique al crecer, pero un picor fuerte en las palmas o las plantas de los pies, sobre todo de noche, coméntalo cuanto antes con tu matrona: puede ser una afección del hígado que conviene vigilar.

Para la piel

5. Aloe vera

Es la planta de la ventana de la cocina, en muchos sitios llamada planta de las quemaduras, y su gel se usa en la piel desde el antiguo Egipto.

Corta una hoja de fuera por la base y déjala de pie en un vaso, con el corte hacia abajo, unos diez minutos, para que escurra el líquido amarillo, el látex, que irrita. Luego pélala y saca el gel con una cuchara. En la nevera aguanta unos días, y frío se agradece más.

A mucha gente le calma la piel después de un día de sol. Es alivio, no curación: nada de heridas abiertas ni quemaduras serias, no se toma por la boca y conviene probarlo antes en el antebrazo. Si tienes perro o gato, pon la maceta fuera de su alcance, porque el aloe es tóxico para ellos.

6. Aceite de coco

Mejor virgen y prensado en frío. En invierno es un bloque blanco dentro del tarro y en verano se vuelve líquido; es solo la temperatura. Úsalo sobre la piel todavía húmeda al salir de la ducha o en las puntas del pelo. Unos ensayos pequeños apuntan a que hidrata la piel muy seca mejor que el aceite mineral, también en niños con dermatitis atópica.

Sirve de base para diluir aceites esenciales, y en la boca tiene su propio ritual, que tienes en remedios caseros para la higiene bucal. A algunas personas les tapona los poros de la cara.

Viene de lejos, literalmente, así que mejor de comercio justo. Y antes de poner cualquier aceite a un recién nacido, pregunta a tu matrona: un estudio apunta a que los de oliva y girasol retrasan la maduración de la barrera de su piel.

7. Manteca de karité

Sale de la nuez del karité, un árbol de la sabana de África occidental, donde la llaman el oro de las mujeres: son ellas, a menudo en cooperativas, quienes recogen, hierven, tuestan y amasan las nueces hasta sacar la manteca. Por eso merece la pena buscarla de comercio justo.

Sin refinar es de color marfil y huele un poco a fruto seco; refinada, es blanca y no huele. Funde una pizca entre las manos y úsala en codos, talones, manos agrietadas o en la tripa cuando empieza a tirar. Ninguna crema evita las estrías, pero un masaje por la noche es un buen rato para ti. Si tienes alergia a los frutos secos, pregunta antes.

8. Jabón natural

El jabón de Alepo, de aceite de oliva y laurel, se cuece durante días y luego se deja curar varios meses, y de esa tradición vienen el de Marsella y el de Castilla. En la etiqueta de un jabón de verdad verás aceites “saponificados”; muchas pastillas son en realidad detergente sólido.

Una pastilla dura semanas y no deja bote vacío, sobre todo si se seca entre usos en una jabonera con agujeros. Una pastilla que vive en un charco se deshace en días. Si tienes la piel muy seca, quizá te siente mejor uno suave y sin perfume.

Para la casa

9. Productos de limpieza de siempre

Agua caliente, jabón, vinagre y bicarbonato limpian casi toda la casa, y con una botella con pulverizador que vas rellenando te ahorras media estantería.

  • Vinagre y agua a partes iguales para cristales, grifos y la cal de la mampara.
  • Bicarbonato con un poco de agua para la vitro, el fregadero y las ollas con restos pegados.
  • Agua caliente con jabón para el suelo y casi todo lo demás.

El vinagre no va sobre mármol ni piedra caliza, que se quedan con marcas mates. Nunca lo mezcles con lejía: juntos desprenden un gas tóxico. Y limpia, pero no desinfecta. Si lo que te preocupa es el olor, tienes más ideas en cómo hacer que la casa huela bien.

10. Aceites esenciales

Son el concentrado aromático de una planta, así que se usan poco: unas gotas en un difusor, o diluidos en un aceite vegetal antes de tocar la piel. Nunca se toman, nunca van puros sobre la piel y nunca cerca de una llama. En el embarazo, la lactancia y con bebés, consulta antes con tu matrona o tu médico, y con animales en casa, con tu veterinario. Las cantidades y las diluciones las tienes en tres usos para tus aceites esenciales en casa.

Una vida sana se parece más a una despensa bien elegida que a un armario lleno de botes. Empieza por uno, el que ya tengas en casa.

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