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Salud y Bienestar19 de septiembre de 2023·6 min de lectura

Cómo hacer que la casa huela bien: seis maneras que funcionan

Creo que una casa huele bien cuando no queda nada oliendo mal y, encima, hay algo que huele bien. Ese orden importa, porque perfumar sobre un olor de fondo solo crea una mezcla rara. Aquí tienes seis maneras de hacer…

Cómo hacer que la casa huela bien: seis maneras que funcionan

Creo que una casa huele bien cuando no queda nada oliendo mal y, encima, hay algo que huele bien. Ese orden importa, porque perfumar sobre un olor de fondo solo crea una mezcla rara. Aquí tienes seis maneras de hacer que tu casa huela bien, con lo que necesitas para cada una, cada cuánto hacerla y cuándo es mejor dejarla.

No hay recetas cerradas. Son ideas que puedes mezclar según tu casa, tus horarios y lo que te guste oler al entrar por la puerta.

Ventila a diario, aunque haga frío

Es lo más aburrido de la lista y lo que más se nota. Renovar el aire es lo único que se lleva de verdad las moléculas del olor, en lugar de taparlas, y de paso saca la humedad que se acumula al cocinar, al ducharte y simplemente al respirar. Mi recomendación es empezar por aquí antes de comprar nada.

  • Abre ventanas en dos lados opuestos de la casa, para que haga corriente.
  • Cinco o diez minutos bastan, por la mañana y otra vez después de cocinar.
  • Si tienes extractor en la cocina o en el baño, enciéndelo antes de empezar y déjalo un rato más al terminar.

En invierno no hace falta pasar frío. Diez minutos con las ventanas abiertas de par en par cambian el aire sin que las paredes pierdan el calor, que es lo que de verdad mantiene la casa templada.

Cuándo no: si vives en una calle con mucho tráfico, evita las horas punta y ventila a media mañana o por la noche.

Limpia lo que huele, no el aire

Casi todos los olores persistentes salen de tres o cuatro sitios concretos, así que merece la pena revisarlos uno a uno.

  • El cubo de la basura. Lávalo con agua caliente y jabón cada semana, sécalo bien y pon dos cucharadas de bicarbonato en el fondo, debajo de la bolsa.
  • Los desagües. Un par de cucharadas de bicarbonato por el sumidero, medio vaso de vinagre encima y, cuando deje de burbujear, agua muy caliente.
  • La nevera. Un tarro abierto con bicarbonato dentro, cambiado cada mes. El bicarbonato neutraliza olores ácidos y alcalinos, que es justo la mezcla que hay ahí.
  • La lavadora. Es la causa más frecuente de las toallas que huelen raro recién lavadas.

Si solo vas a hacer una cosa de esta lista, yo empezaría por la lavadora. En los pliegues de la goma de la puerta se queda agua con restos de detergente y pelusa, y ahí se forma una película que huele agrio y pasa a la ropa.

  • Seca la goma y el cristal con un trapo al terminar cada colada.
  • Deja la puerta entreabierta entre lavados.
  • No dejes la ropa mojada dentro más de lo necesario.
  • Una vez al mes, pon un programa en vacío a temperatura alta con un vaso de vinagre blanco.

No mezcles nunca vinagre y lejía. Y si el olor vuelve a los dos días de limpiar, no insistas con más producto: busca de dónde sale.

Lava los textiles, que guardan el olor más que las paredes

¿Y por qué huele a cerrado si acabas de limpiar? Casi siempre por los textiles. Las cortinas, los cojines, la alfombra y el sofá absorben el humo de la cocina, el olor de los animales y la humedad, y lo van soltando poco a poco durante semanas.

Lava todo lo que se pueda lavar. Para lo que no:

  • Espolvorea bicarbonato sobre la alfombra o el sofá.
  • Déjalo entre quince minutos y un par de horas.
  • Aspíralo bien, pasando dos veces.
  • Las mantas y los cojines que no entran en la lavadora, cuélgalos fuera media mañana.

Cuándo no: en alfombras delicadas, antiguas o de lana, prueba antes en una esquina escondida, y úsalo solo si tu aspirador tiene fuerza suficiente para retirarlo del todo.

Saquitos de hierbas para el armario

Es una costumbre que viene de lejos para que la ropa guardada no coja olor a cerrado, y sigue siendo la más barata. En los armarios se ha usado además para que las polillas no se acerquen a la lana.

Qué necesitas:

  • Una bolsita de algodón o un pañuelo que puedas atar.
  • Lavanda seca.
  • Unas hojas de laurel y una ramita de romero.
  • Cáscara de naranja seca.

Cómo se usa:

  • Ponlo entre la ropa doblada, en un cajón o colgado de una percha.
  • Apriétalo con la mano cada dos o tres semanas para que vuelva a oler.
  • Cámbialo cuando deje de oler, más o menos cada dos o tres meses.

Cuándo no: no lo pongas en contacto directo con seda ni con prendas claras, porque la hierba puede manchar, y déjalo fuera del alcance de los animales que lo muerden todo.

Si huele a humedad, el olor es el síntoma

El olor a cerrado, a tierra o a moho no se arregla con ambientador. Te está diciendo que hay agua donde no debería: condensación en los cristales, una filtración, la ropa secándose en el salón. El moho suelta esporas que empeoran el asma y las alergias, y los niños que viven en casas húmedas tienen bastante más tendencia a los problemas respiratorios, así que vale la pena tratarlo pronto.

  • Ventila los cuartos húmedos cada día.
  • Cierra la puerta del baño mientras te duchas y la de la cocina mientras cocinas.
  • Tiende fuera siempre que puedas. Si tienes que tender dentro, hazlo en una habitación con la puerta cerrada y la ventana abierta.
  • Un deshumidificador ayuda a mantener la humedad por debajo del 60 %.
  • Las manchas pequeñas se limpian con un producto antimoho, sin frotar en seco.

Cuándo no: si la mancha ocupa más de un metro cuadrado, si vuelve una y otra vez o si sospechas una filtración, esto ya no es limpieza. Habla con un profesional o, si alquilas, con el propietario.

Una olla aromática para la cocina

Es el método de toda la vida y sigue siendo el mejor para la cocina, porque el vapor perfumado llena la habitación mientras cocinas o justo después. Se ha hecho siempre con lo que había a mano, las cáscaras de la fruta del desayuno y las hierbas del balcón, y por eso cada temporada tiene la suya. Aquí sí hace falta agua, y bastante.

Qué necesitas:

  • Un cazo pequeño.
  • Unos 500 ml de agua.
  • La cáscara de un limón o de una naranja.
  • Dos ramitas de romero.
  • Una rama de canela.

Cómo se hace:

  • Pon todo en el cazo y llévalo a ebullición.
  • Baja enseguida al mínimo. Buscas un hervor muy suave, no un borboteo.
  • Déjalo entre una y dos horas.
  • Añade un chorro de agua cada media hora, más o menos, para que no se quede seco.

Mezclas según la temporada:

  • Otoño e invierno: manzana en rodajas, canela, clavo y una tira de piel de naranja.
  • Primavera y verano: limón, romero y unas hojas de menta o de laurel.

El romero y el cítrico se usan de siempre para refrescar la cocina después de guisar, y a mucha gente el olor a canela le resulta acogedor nada más entrar por la puerta.

Nunca la dejes sola en el fuego.

No la pongas si vas a salir, a acostarte o a meterte en la ducha. Si el agua se evapora del todo, el cazo se quema y la casa acaba oliendo mucho peor que al principio. Con niños pequeños sueltos por la cocina, mejor otro método.

Añade aroma de forma segura

Cuando lo demás está hecho, el aroma sí tiene sentido. Hay tres formas sencillas y ninguna necesita fuego. Si quieres más detalle sobre diluciones y difusores, lo tienes en cómo usar bien los aceites esenciales en casa.

Un difusor:

  • Dos o tres gotas de aceite esencial por sesión.
  • Sesiones cortas, de una media hora.
  • La habitación ventilada, o con la puerta abierta.

Más gotas no dan mejor olor, solo más carga en el aire.

Un espray de habitación:

  • Una botella con pulverizador.
  • 100 ml de agua.
  • Una cucharada de alcohol o de agua de hamamelis, para que el aceite se mezcle con el agua.
  • De diez a quince gotas de aceite esencial.

Agítalo antes de cada uso y pulveriza al aire, nunca sobre la madera ni sobre los tejidos.

Un tarro de bicarbonato:

  • Cuatro cucharadas de bicarbonato en un tarro abierto.
  • De ocho a diez gotas de aceite esencial encima.
  • Una tela sujeta con una goma, si hay animales o niños cerca.
  • Remuévelo una vez por semana y cámbialo cada tres o cuatro semanas.

Va sin agua, porque aquí no hace nada y estropea el bicarbonato. Déjalo en una esquina del salón o del baño.

Los aceites esenciales no se queman.

No los eches en una vela encendida, en un quemador con llama ni sobre una bombilla. Se usan en difusor o diluidos, y siempre en una habitación que puedas ventilar.

Qué aroma va bien en cada sitio

El olfato tira de la memoria más que casi ningún otro sentido; basta un olor a canela para volver a la cocina de tu abuela. Por eso el aroma de una casa acaba siendo algo muy personal. Aun así, hay combinaciones que se repiten porque le sientan bien a casi todo el mundo.

  • El dormitorio. La lavanda acompaña el descanso de siempre y sigue siendo lo más socorrido para el final del día. La manzanilla y el azahar van en la misma línea.
  • La cocina. Limón, naranja y romero. A mucha gente el cítrico le da sensación de limpio y le despeja por la mañana, y es lo que mejor se lleva con los olores de comida.
  • El baño. Eucalipto, menta o pino, que dejan el aire con esa sensación de frescor. Ventila primero y perfuma después.
  • El salón. Aquí manda lo que te guste a ti. En invierno, canela, vainilla o incienso; en verano, hierbabuena, geranio o cítricos. Un aroma suave cansa mucho menos que uno intenso, sobre todo si recibes gente a menudo.

Si vives con animales o hay un bebé en casa, elige contando con lo que viene justo debajo.

Antes de usar aceites esenciales en casa

Con animales. Varios aceites esenciales son tóxicos para perros y gatos: árbol de té, poleo, gaulteria, abedul, pino, canela, cítricos, menta, eucalipto e ylang ylang, entre otros. Los gatos son especialmente sensibles porque metabolizan mal estos compuestos y además se acicalan, así que lo que cae en el pelo acaba dentro. Si tienes animales, pon el difusor fuera de su alcance, haz sesiones cortas y deja siempre la puerta abierta para que puedan salir de la habitación. Si tu perro o tu gato tiene problemas respiratorios, no lo uses. Ante cualquier signo raro, torpeza al andar, debilidad, babeo o vómitos, llama a tu veterinario.

En el embarazo, la lactancia y con bebés. Consulta con tu matrona o tu médico antes de usar aceites esenciales en casa, aunque sea solo en difusor. Con bebés de menos de dos años, la recomendación general es no exponerlos a los aromas.

Las velas perfumadas también aromatizan, pero en una habitación cerrada elevan bastante las partículas finas en el aire, más aún las perfumadas que las lisas. Si te gustan, enciéndelas un rato corto, una o dos horas como mucho, ventila después y no las dejes nunca solas ni cerca de las cortinas.

Lo que no va a arreglarlo

Las plantas de interior no limpian el aire de una casa de verdad. La idea viene de unos ensayos de laboratorio en cámaras cerradas, y cuando se calculó lo que harían en una vivienda con ventilación normal, harían falta entre diez y mil plantas por metro cuadrado para igualar lo que ya consigue abrir una ventana. Tenlas porque te gustan y porque la casa se ve mejor con ellas, no como purificador.

Tampoco funciona pulverizar ambientador sobre un olor que sigue ahí. Se nota, y el resultado es peor que el olor del principio. Los aerosoles y los difusores de enchufe tapan igual de mal y, además, te dejan comprando recambios. Una botella con pulverizador que rellenas tú hace lo mismo, y el vinagre y el bicarbonato sustituyen a media estantería de productos.

Primero quitar, luego poner. Lo demás es cuestión de gusto, y ahí eliges tú.

Si quieres probar un espray ya hecho, Ëlabba Essence Interior está pensada para esto: unas pulverizaciones en el aire del salón cuando termines de ventilar y ordenar, lejos de velas y llamas.

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