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Tres usos para tus aceites esenciales en casa, y cómo hacerlos bien
Creo que un frasco de aceite esencial es de las cosas que más se compran y menos se aprovechan: se queda en un cajón, a medias, hasta que un día huele a rancio. Aquí tienes tres usos para tus aceites esenciales en casa,…

Creo que un frasco de aceite esencial es de las cosas que más se compran y menos se aprovechan: se queda en un cajón, a medias, hasta que un día huele a rancio. Aquí tienes tres usos para tus aceites esenciales en casa, perfumar el aire, un aceite para el cuerpo y el cuidado de la casa y el armario, con las cantidades y las precauciones que de verdad hacen falta.
Tómalo como un punto de partida, una guía para empezar con buen pie, y a partir de ahí manda tu nariz.
Lo que conviene saber del frasco
Un aceite esencial es un concentrado. De cien kilos de flor de lavanda salen apenas un par de litros de aceite, así que en cada gota hay mucha planta. Por eso casi nunca se usa tal cual, y por eso no se toma nunca, ni siquiera unas gotas en agua.
Guárdalo cerrado, de pie y lejos de la luz y del calor, como guardarías un buen aceite de oliva, y apunta en la etiqueta el día que lo abriste. Con el aire se oxida, y un aceite oxidado irrita la piel más que uno recién abierto. A los cítricos y al árbol de té les pasa antes: cuando llevan un año abiertos o el olor se vuelve áspero, déjalos para perfumar el aire y no los pongas ya en la piel. Y siempre donde los niños no lleguen. Tragados son peligrosos, y basta muy poco.
¿Y cuál comprar? Mira la etiqueta. Un buen frasco dice el nombre botánico de la planta (Lavandula angustifolia, no solo “lavanda”), de dónde viene y cómo se ha extraído. Con las maderas la cuenta del campo es peor todavía: el sándalo y el palo de rosa se han sobreexplotado hasta ponerlos en apuros, así que si te gustan, busca los de plantación. Mi recomendación es comprar frascos pequeños y gastarlos, que diez frascos a medias oxidándose en un cajón no le hacen bien a nadie.
Uso 1: perfumar el aire
Es el uso más sencillo y el que menos riesgo tiene, porque el aceite no te toca la piel.
Con difusor:
- Llena el depósito de agua y pon entre tres y seis gotas por cada 100 ml.
- Déjalo encendido entre treinta y sesenta minutos, y luego apagado otro tanto.
- Ventila la habitación entre una tanda y otra.
- Ponlo en una superficie estable, donde no lleguen ni los niños ni los animales.
Tenerlo encendido toda la tarde no perfuma más. Solo satura el aire y cansa el olfato, como cuando llevas un rato en una perfumería y ya no distingues un olor de otro.
Sin difusor, dos o tres gotas en una bola de algodón dentro de un platito perfuman un baño pequeño durante horas. Ese mismo algodón, metido dentro de la funda de la almohada y no sobre la tela que te toca la cara, es la forma de toda la vida de llevarte el olor a lavanda a la cama. La lavanda acompaña el descanso de siempre: ya los romanos la echaban al agua del baño, y de ahí le viene el nombre.
El vapor de invierno. El eucalipto es el olor de los vahos de toda la vida, y a mucha gente respirar ese vapor le resulta reconfortante cuando está resfriada. Un par de gotas en un bol de agua caliente, la cara a una distancia prudente y los ojos cerrados. No lo hagas con niños ni cerca de ellos, por el vapor y por el aceite.
Un espray casero. Los aceites esenciales no se disuelven en agua: flotan y salen concentrados por el pulverizador. Por eso la base es alcohol. Para un frasco de 100 ml:
- unos 75 ml de alcohol de perfumista o, si no lo encuentras, de vodka corriente;
- de quince a veinte gotas de aceite esencial;
- agua hasta llenar.
Agítalo cada vez antes de usarlo y pulveriza en el aire, no sobre la tela, la madera barnizada, la piedra natural ni las pantallas. Pruébalo primero en un sitio escondido, y tenlo lejos de las velas y de cualquier llama, que el alcohol arde.
Si quieres seguir por aquí, en cómo hacer que la casa huela bien tienes seis maneras más de perfumar la casa.
Uso 2: un aceite corporal para el final del día
Aquí sí importa la dilución, porque el aceite toca la piel. Un aceite esencial nunca va puro sobre la piel: la reacción más frecuente es la irritación, y casi siempre viene de usarlo sin diluir.
La cuenta es fácil. Una gota por cada 5 ml de aceite vegetal es más o menos un 1 %. Para el cuerpo, entre el 1 y el 2 %, es decir, de seis a doce gotas en un frasco de 30 ml. Para la cara y las zonas delicadas, entre el 0,5 y el 1 %. Para una niña o un niño mayor, o para una persona mayor, baja al 0,5 % y consulta antes con tu médico o con una aromaterapeuta. Empieza siempre por lo más bajo y sube solo si hace falta.
La base es un aceite vegetal, nunca agua: almendras dulces, jojoba, girasol, hueso de albaricoque o coco fraccionado. Para la cara se usan mucho la rosa mosqueta y el argán, que ya son aceites de cuidado por sí mismos. Si lo que te apetece es llevar tu mezcla encima durante el día, en cómo usar bien un aceite en roll-on tienes las cuentas para un frasco pequeño.
Qué aceite elegir depende más de tu nariz que de ninguna lista. La lavanda es la que más se usa por la noche; a mucha gente el cítrico le despeja por la mañana; la menta refresca, y el romero es el clásico de las lociones para el pelo de toda la vida. El árbol de té tiene fama para los granitos, y varios estudios pequeños apuntan a que un gel formulado al 5 % ayuda con el acné leve. Pero eso es un producto de laboratorio. En casa, diluido y siempre con prueba previa, porque es de los que más sensibilizan la piel.
Un masaje sencillo. A mucha gente le sienta bien un masaje con este aceite en los hombros y el cuello al final del día, o en las piernas después de muchas horas de pie. No hace falta técnica: el aceite templado entre las manos y movimientos lentos.
La prueba en la piel, antes de usar una mezcla nueva:
- Pon un poco de la mezcla ya diluida en la cara interna del antebrazo y tápala con una tirita.
- Espera entre 24 y 48 horas.
- Si aparece picor, rojez o granitos, lávate con agua y jabón y olvídate de ese aceite.
Si te cae aceite esencial en el ojo, aclara con aceite vegetal, no con agua, y ve a urgencias si la molestia sigue.
Los cítricos y el sol. La bergamota, la lima, el limón y el pomelo obtenidos por presión en frío son fototóxicos: en la piel expuesta al sol pueden provocar quemaduras y manchas que tardan meses en irse. Si los usas en el cuerpo, que sea de noche y en zonas tapadas, y evita el sol y las cabinas de bronceado durante al menos doce horas. Con la bergamota, el límite recomendado en algo que se queda en la piel es el 0,4 %, una sola gota en 50 ml.
Qué esperar. Varios estudios pequeños sobre la lavanda inhalada apuntan a un efecto modesto en cómo de relajada se siente la gente y en cómo duerme. Creo que hay que tomarlo como lo que es, un gesto agradable para cerrar el día, no un tratamiento. Si la ansiedad no te deja dormir, coméntalo con tu médico.
Uso 3: la casa y el armario
En la limpieza, unas gotas de limón o de eucalipto en el agua del último aclarado, o en el filtro del aspirador, dejan la casa oliendo bien. Son los olores de la limpieza de siempre, y por eso un suelo recién fregado con limón huele a limpio, aunque el trabajo lo hayan hecho el agua y la fregona. Perfuman, pero no desinfectan. Un producto solo se puede vender como desinfectante si está autorizado para eso, y un aceite esencial no lo está, así que cuando haga falta desinfectar, usa un desinfectante.
En el armario, la lavanda y el cedro tienen fama de ahuyentar a las polillas, y es una costumbre de toda la vida que merece la pena mantener. Eso sí, conviene saber lo que hace: el olor las disuade, pero no mata ni larvas ni huevos, y se va en pocas semanas. Prepara saquitos de tela con flor seca de lavanda o virutas de cedro, apriétalos entre los dedos de vez en cuando para que vuelvan a oler y cámbialos cada pocos meses. No pongas gotas de aceite directamente sobre la ropa, que mancha.
Lo que de verdad protege la lana y la seda es más aburrido: guardarlas limpias, porque las larvas buscan el sudor y los restos de comida; pasar el aspirador por el fondo del armario y por los rodapiés; y meter lo que no uses en bolsas o cajas bien cerradas. Si ya has visto agujeros, mete la prenda en una bolsa cerrada en el congelador al menos 72 horas antes de lavarla.
Cuándo no usarlos
- Embarazo y lactancia. Consulta con tu matrona antes de usarlos, sobre todo en el primer trimestre. Se suelen desaconsejar la salvia, la salvia romana, el romero, el enebro, la canela y la albahaca. Si los usas, mejor en el aire que sobre la piel.
- Bebés y niños pequeños. Cuanto más pequeños, menos. El eucalipto, la menta y el romero llevan compuestos que irritan las vías respiratorias de los niños; no se ponen sobre la cara ni cerca de ella antes de los diez años, y los bálsamos de mentol no son para bebés. Para difundir en casa con niños, pocas gotas, poco rato y con la puerta abierta.
- Gatos, perros y otros animales. Los gatos metabolizan mal estos compuestos, y el árbol de té, el eucalipto, la menta, el pino y los cítricos les pueden hacer daño. Las gotas que quedan en el pelo acaban tragadas al lamerse. Difunde solo en una habitación ventilada de la que el animal pueda salir, no le pongas nada encima y llama al veterinario si babea, vomita o se le ve inestable.
- Piel delicada o con dermatitis. Baja la dilución al 0,5 % o déjalo. Y no vuelvas a un aceite que ya te ha dado reacción alguna vez.
- Nunca, en ningún caso: tomarlos, ponerlos sin diluir, quemarlos o acercarlos a una llama, ni usarlos dentro de la boca.
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