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Remedios caseros para la higiene bucal: de la sal al aceite de coco
Mucho antes de que hubiera un producto para cada cosa, la gente se cuidaba la boca con lo que tenía en la despensa: sal, bicarbonato, una infusión de salvia, un clavo. Aquí tienes nueve remedios caseros para la higiene…

Mucho antes de que hubiera un producto para cada cosa, la gente se cuidaba la boca con lo que tenía en la despensa: sal, bicarbonato, una infusión de salvia, un clavo. Aquí tienes nueve remedios caseros para la higiene bucal, ordenados según para qué los vas a buscar, con cómo prepararlos y cuándo es mejor dejarlos.
Esto no es sota, caballo y rey; es una guía. Ninguno de estos remedios hace el trabajo del cepillo y del hilo dental, y creo que se disfrutan más así, como costumbres que acompañan a una buena limpieza de cada día y no como sustitutos. Si te interesa esta manera de cuidarte, tienes más ideas en productos naturales para el día a día.
¿Y funcionan de verdad? Algunos tienen estudios detrás, pequeños pero serios; otros son tradición y experiencia de mucha gente. Te lo digo en cada caso, para que elijas tú.
Para enjuagarte
Oil pulling con aceite de coco
Viene del ayurveda, la medicina tradicional de la India, que lo describe como parte de la rutina de cada mañana, igual que lavarse la cara. Tradicionalmente se hacía con aceite de sésamo; hoy se usa más el de coco, que sabe más suave.
- Por la mañana, antes de cepillarte, toma una cucharada de aceite de coco (unos 10 ml). Si está sólido, se funde enseguida en la boca.
- Muévelo con suavidad entre los dientes, sin gárgaras, entre 5 y 20 minutos. Empieza por poco y ve alargando si te resulta cómodo.
- Escúpelo en un pañuelo de papel y tíralo a la basura, nunca al lavabo: el aceite de coco se solidifica al enfriarse y atasca las tuberías.
- Enjuágate con agua y cepíllate como siempre.
Varios estudios pequeños apuntan a que reduce algo la placa; no sustituye al cepillado. Yo lo veo más como un rato tranquilo por la mañana, mientras se hace el café, que como un tratamiento. Puedes hacerlo a diario o unos días a la semana.
No se lo des a niños pequeños ni lo hagas si te atragantas con facilidad, porque el aceite no debe llegar a los pulmones. Y úsalo solo, sin añadirle aceites esenciales.
Agua tibia con sal
Es el enjuague de toda la vida, el que se preparaba en casa cuando a alguien le dolía una muela, y los dentistas lo siguen recomendando para eso. Disuelve media cucharadita de sal en un vaso de agua tibia, enjuágate unos 30 segundos pasándola bien por la zona que molesta, y escupe. Puedes repetirlo varias veces al día mientras dure la molestia.
Ayuda a aliviar unas encías doloridas o una muela que molesta mientras consigues cita. No es para niños, que pueden tragársela, y es para unos días: usada a diario durante mucho tiempo puede irritar las encías.
Infusión de manzanilla o salvia
Enjuagarse con manzanilla o salvia templada es costumbre en muchas casas, y la herboristería europea reconoce las dos como remedios tradicionales para la boca y la garganta irritadas.
Prepara una infusión con una cucharadita colmada de flores de manzanilla o de hojas de salvia (unos 2 o 3 gramos) en 100 ml de agua hirviendo. Tápala unos minutos, cuélala y déjala templar. Enjuágate o haz gárgaras con ella tres veces al día, y escúpela. A mucha gente le calma la boca cuando las encías o una llaga están sensibles.
Si no notas mejoría en una semana, consulta. La salvia no se recomienda durante el embarazo, la lactancia ni en menores de 18 años, y la manzanilla no conviene si tienes alergia a las plantas de su familia, como la margarita o el crisantemo. Usa la planta, nunca gotas de aceite esencial en agua.
Para limpiar
Bicarbonato
El bicarbonato de sodio se ha usado para limpiar los dientes de toda la vida, y muchas pastas lo llevan todavía.
Para cepillarte, moja el cepillo, pon un poco de bicarbonato encima de tu pasta de siempre y cepilla con suavidad. Una o dos veces por semana es suficiente. Para enjuagarte, mezcla una cucharadita de bicarbonato y una de sal en un litro de agua tibia, usa una cucharada cada vez y escúpela; tapado, se conserva hasta dos semanas.
Arrastra bien la placa y algunas manchas superficiales, y es de los abrasivos más suaves que hay. Aun así, frota sin fuerza y con cepillo suave, sobre todo si tienes las encías retraídas o los dientes sensibles. No sustituye a tu pasta de dientes, y no se traga.
Limpiar la lengua
La lengua es el rincón que se nos olvida, como el hueco de detrás del sofá cuando se barre deprisa. Una vez al día, con un limpiador de lengua o con tu cepillo, pasa de atrás hacia delante tres o cuatro veces, sin apretar, y aclara el limpiador.
Los dentistas lo recomiendan para el aliento, aunque el efecto dura poco, así que funciona como hábito diario. Si te hace daño, estás apretando demasiado.
Miswak
El miswak es una ramita del arbusto Salvadora persica que se mastica hasta que las fibras forman un pequeño cepillo. Se usa desde hace siglos en Oriente Medio, África y el sur de Asia, y la Organización Mundial de la Salud lo reconoce como herramienta tradicional de higiene bucal.
Pela un centímetro de corteza de un extremo y mastícalo hasta que se abran las fibras. Cepilla los dientes con suavidad, de arriba abajo, y cuando las fibras se ablanden, córtalas y pela un poco más.
Varios estudios apuntan a que limpia la placa de forma parecida a un cepillo normal, sobre todo si usas los dos. Trátalo con suavidad: frotar fuerte con él se asocia a encías retraídas.
Para el aliento
Manzana, menta y perejil
Morder una manzana o masticar unas hojas de menta o de perejil después de comer son costumbres de siempre contra el olor a ajo o a cebolla. En un estudio pequeño, la manzana cruda y la menta redujeron el olor a ajo durante un rato; del perejil hay menos datos, pero no hace ningún daño probarlo. Después de una comida fuerte, una manzana de postre es lo más fácil.
Disimulan un olor puntual. Si el mal aliento es constante, el origen suele estar en las encías o en la lengua.
Chicle sin azúcar con xilitol
Masca un chicle sin azúcar unos 20 minutos después de comer, sobre todo si no te puedes cepillar. Hace que produzcas más saliva, que ayuda a neutralizar los ácidos después de comer. El xilitol no produce caries, aunque no hay pruebas firmes de que proteja más que otro chicle sin azúcar.
En grandes cantidades puede sentar mal al estómago. Y si tienes perro, guárdalo bien: el xilitol es muy tóxico para ellos.
Para un apuro
Clavo para el dolor de muelas
El clavo de olor es el remedio clásico para el dolor de muelas. Lleva eugenol, una sustancia que adormece un poco la zona, y por eso se ha usado de toda la vida, incluso en las consultas dentales.
Coloca un clavo entero junto a la muela que duele y déjalo ahí unos 20 o 30 minutos. Si prefieres el aceite, usa aceite de clavo de farmacia, vendido para el dolor de muelas: pon muy poca cantidad en un bastoncillo y ponlo solo sobre el diente, sin tocar la encía, siguiendo el prospecto.
Alivia el dolor durante un rato, mientras consigues cita. Es un parche, no una solución: el dolor suele venir de algo que tiene que ver el dentista. No uses aceite esencial de clavo de aromaterapia ni lo pongas en la encía, porque puede quemarla, y guarda el frasco lejos de los niños. Si estás embarazada, pregunta antes a tu médico o farmacéutico.
Lo que no conviene hacer en casa
Los aceites esenciales no se tragan, ni siquiera unas gotas. Algunos, como el de eucalipto, el de alcanfor o el de gaulteria, son tóxicos por vía oral, y los niños son especialmente sensibles. Por eso no te recomiendo los enjuagues caseros con aceites esenciales: no se mezclan con el agua, llegan concentrados a las encías y es fácil tragarse algo.
Tienen su sitio en casa, en un difusor o en un espray, y si quieres ideas tienes cómo usar tus aceites esenciales. En la boca, no. Nunca uses en ella un producto de aromaterapia, como Ëlabba Essence: es un espray para perfumar la casa, pensado para el aire.
Si te gusta la idea de un enjuague con aceites esenciales, los de farmacia que llevan timol, eucaliptol o mentol están formulados para la boca, y varios estudios apuntan a que, usados además del cepillado, reducen la placa. Úsalos como indica el envase.
Cuándo ir al dentista
Los remedios de casa acompañan, pero hay señales que conviene enseñar a un profesional: encías que sangran a menudo, una llaga que no se cura en tres semanas, un dolor de muelas que dura más de dos días o mal aliento que no mejora en unas semanas. En el embarazo las encías se inflaman con más facilidad, así que coméntalo en tu revisión.
La despensa ayuda. El dentista, cuando toca, también.
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